Dos gourmets en París. Parte 1

A finales de mayo el repostero caprichoso y la cocinera caprichosa se embarcaron en una escapada romántica y…¡gastronómica!

Nos cogimos un avión y nos plantamos en París, la ciudad de la luz. Ambos conocíamos ya su faceta más turística y cultural (ej: el Louvre, el Musée d’Orsay, el Georges Pompidou, la Sainte Chapelle, Nôtre Dame, Montmartre y un largo etc.). Así que aprovechamos para conocer algún que otro restaurante (no muchos porque el presupuesto no lo permitía) y algunos rincones que harían las delicias de cualquier “foodie”.

Rumbo a Par°s  Mercado Saxe Breteuil 1

El primer día lo primero que hicimos nada más aterrizar y dejar las cosas en el hotel fue ir a visitar el mercado de Saxe Breteuil. Es un mercado al aire libre que tiene lugar los jueves y sábados y donde se venden principalmente alimentos, entre otras cosas.

El encanto de este mercado del séptimo “arrondissement” es que al fondo de la avenida puedes ver la Torre Eiffel y que es un mercado de barrio en un barrio atípico para un mercado ya que no es muy residencial (hay muchos edificios oficiales alrededor).

Mercado Saxe Breteuil 2  patatas  Mercado Saxe Breteuil 7  Mercado Saxe Breteuil 3

A mí me llamaron la atención sobre todo los puestos de frutas y verduras con alcachofas gigantes, productos orgánicos y mil y una variedades de patatas.

Mercado Saxe Breteuil 4  quesos franceses

Como en buen mercado francés también había panadería, varios puestos de quesos, otros de carnicería, otros de marisco y pescadería y algún toque un poco más exótico como el puesto de dulces libaneses.

Mercado Saxe Breteuil 5  terrinas y rilletes  Mercado Saxe Breteuil 6  dulces libaneses

Si venís a París os invito a que probéis las terrinas caseras de estos mercados y las “rilletes” que es como una versión más campesina del foie gras. Tiene un alto contenido en grasa así que no es algo para comer todos los días pero a mí me recuerda a una versión francesa de la manteca blanca.

Después de un rápido recorrido por el mercado fuimos a un restaurante ubicado en un barrio poco turístico pero muy aclamado por tripadvisor y por la crítica gastronómica francesa. Más que un restaurante por su filosofía, tamaño y encanto, yo lo definiría como un bistrot de alta cocina. Tras haber leído tanto sobre Bistrotters tenía unas expectativas muy altas…y no me defraudó.

Bistrotters  Bistrotters interior  Bistrotters barra  Pizarra bistrotters

Este negocio lo creó François Gallice junto con el Chef Erwan le Gahinet. Se trata de un equipo joven aunque sobradamente preparado y con muchas ganas. A nosotros nos atendió François que tuvo un trato muy agradable con nosotros y nos ayudó a elegir comida y vino.

Bistrotters interior 2  Bistrotters vinoteca

Bistrotters no sólo tiene una comida de gran calidad sino que tiene una buena carta de vinos. Aquí probamos el vino Château Marsau, un Merlot del 2010 de la región de Burdeos. Este vino nos entusiasmó. Lo sorprendente de este Burdeos es que a pesar de ser intenso tiene un toque afrutado, como a frutas del bosque, sin llegar a ser demasiado dulce. Para mí el sabor tenía una armonía perfecta entre fuerza y cuerpo sin llegar a ser demasiado pesado o potente.

Vino Chateau Marsau_Burdeos_Merlot_2010  942059_10151434382496003_790772341_n

Para comer pedimos como entrantes el Foie du Bistrotters, que estaba delicioso y la porción era abundante, y la ensalada de brotes de espinaca con pomelo y langostinos al tempura. La ensalada no era enorme pero la combinación de sabores era exquisita.

Foie Gras du Bistrotters  Ensalada de brotes de espinacas, pomelo y langostinos en tempura  cochinillo al horno  Ternera org†nica de una granja local

De plato fuerte Marco se pidió uno de los platos estrella, el cochinillo. Estaba cocinado a la perfección. La carne estaba tierna y jugosa y la piel estaba crujiente. La salsa que lo acompañaba completaba el plato para conseguir un sabor espectacular.

Yo también pedí carne. En este caso se trataba de ternera de una granja de ganadería sostenible de la zona, cuyo dueño tiene muy buena relación con François. Así que teniendo en cuenta la trazabilidad y los cuidados que ha debido recibir la ternera antes de ser sacrificada, era una apuesta segura en términos de calidad. La carne estaba en su punto y las verduras que la acompañaban, junto con el delicioso vino eran una combinación perfecta.

Antes de que nos diéramos cuenta llegó la hora de los postres. Aquí fuimos bastante clásicos y optamos por una tarta de limón y merengue y un coulant de chocolate guanaja acompañado de un sorbete de mango. La tarta de limón estaba hecha con ralladura de lima y un toque de lima y, sinceramente, marcaba la diferencia. Para mí era como estar tomándome un postre y un mojito a la vez.

Coulant de chocolate guanaja  tartaleta de lim¢n

Nos faltó chuparnos los dedos porque la comida estaba realmente rica. Merecía ser saboreada lentamente. Además el ambiente acompaña. La decoración está muy cuidada para hacerte sentir a gusto y junto con la música, swing de los años 30 y 40, pareces transportarte a otra época. Es vintage pero “vintage alegre”, no nostálgico.

Tras la comilona nos fuimos a visitar el Museo Rodin para bajar un poco la comida. Como íbamos apurados de presupuesto pagamos 2€ por visitar los jardines en vez de 10€ por la visita completa. Pero es que tan sólo los jardines ya merece la pena.

MusÇe Rodin  Rodin  MusÇe Rodin 2  MusÇe Rodin 5

La selección de esculturas me encantó. Tan solo había 3 piezas que eran especialmente conocidas (El Pensador, el retrato de Balzac y las Puertas del Infierno). El resto de obras no las conocía pero aún así muchas me llegaron.

MusÇe Rodin 4  Rodin 3  MusÇe Rodin 3

Después del Museo Rodin fuimos dando un paseo hasta el río. Cruzamos el puente y llegamos a la Place de la Concorde y desde ahí volvimos al hotel a descansar.

En la segunda parte os hablaré de nuestro itinerario que incluye, el Mercado de la Bastilla, la pastelería Angelina, una quesería donde se puede hacer degustación de vinos y quesos y muchas cosas más. ¡Próximamente!

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