Restaurante japonés Nomo

Hace ya cosa de un mes tuve el placer de degustar la delicada gastronomía del restaurante japonés Nomo. Varios entendidos me habían recomendado este restaurante como uno de los mejores japoneses de Barcelona y la verdad es que no me decepcionó.

Estábamos entre ir al  Xup Xup o al Nomo (ya que los precios son similares) y menos mal que elegimos esta opción porque la semana pasada fuimos al Xup Xup y me decepcionó bastante.

Bueno, entremos en faena…Tanto el exterior como el interior es elegante. Con tonos rojos, negros, cobre y maderas.

Nomo exterior  Nomo interior  Nomo cubierto vino blanco Godelia

La carta es extensa y muy sugerente. Me quedé con ganas de probar cosas de la sección del teppanyaki y alguno de los tatakis que ofrecen que tienen una pinta estupenda. Pero como no se puede probar todo la primera vez optamos por un pedido “clásico” para el repostero caprichoso y para mí. Otra curiosidad del Nomo es la forma en la que haces el pedido. Al sentarte te dan la carta y una cajita de metal con una cuadrícula y unos imanes. Tú vas colocando los imanes en los números de los platos que quieras pedir. Muy original.

comanda nomo

Comenzamos con gyozas de carne. Siempre que probamos un restaurante japonés nuevo pedmos gyozas. Es como si estuviéramos haciendo un benchmarking de las mejores gyozas de Barcelona y en el Nomo, la verdad, es que están muy ricas. Aunque las del Kibuka siguen siendo mis favoritas (sobre todo por la salsa con las que las acompañan).

gyozas nomo

El siguiente entrante fue la tempura de langostinos “Black Tiger”. Dios mío, ¡eran enormes! El plato sólo incluía 4 langostinos pero es que eran impresionantes a la vista y al paladar. Segundo entrante, muy satisfactorio.

tempura de langostinos black tiger  tempura de langostinos gigantes

Ahora pasamos a los rollitos. A mí no me gusta demasiado el pescado y aunque en los restaurantes japoneses disfruto mucho con los makis y los nigiris, no suelo probar el sashimi porque no es santo de mi devoción. A Marco sí que le gusta mucho el sashimi pero cuando vamos juntos intentamos elegir cosas que nos gusten a los dos así que comenzamos por un futomaki de foie a la plancha con salsa teriyaki que estaba delicioso. Yo no soy muy fan de pedir makis “fusión” con cosas que no son para nada japonesas pero a Marco le encanta el foie así que lo pedimos. Pues fue un acierto, he de decir.

futomaki de foie a la plancha con salsa teriyaki

El siguiente plato fue un alaska roll, un rollo de salmón ahumado con crema de queso y  nueces. Este también fue una elección más del gusto de Marco y estaba bueno pero no impresionante. Lo obviaría la próxima vez que vaya (sobre todo habiendo tanta elección de bocados exquisitos). Este rollo era más bien como “sushi para todos los públicos”. Supongo que pensado en los más pequeños o en los más delicaditos a la hora de comer.

Alaska roll

Pasamos ahora al atún, que en el Nomo, suele ser la variedad Toro. Este rollo también era bastante exótico. Llevaba la ventresca de atún con piñones, cebolla crujiente y sésamo. Estaba a la altura, sin duda. Un bocado fresco y original.

Roll de atún toro con piñones, cebolla crujiente y sésamo

Por último no pudimos concluir el almuerzo sin probar el nigiri de atún flameado (aburi toro no nigiri). Es caro. Una sólo pieza cuesta 3,5€ pero sinceramente merece la pena. Estaba ridículamente bueno.

nigiri de ventresca de atún flameada

La comida la regamos con un vino blanco llamado Godelia de la zona del Bierzo. Para los entendidos dejo la nota de cata aquí.

Ya que estábamos dándonos un homenaje en toda regla también pedimos postre. Normalmente no pedimos porque encarece mucho la cuenta final y no siempre están tan a la altura de los platos principales. Además en según qué sitios para cuando llega la hora del postre ya estamos bastante llenos. En este caso optamos por una recomendación del camarero, el mousse de chocolate blanco sobre cookie crumble.

mousse de chocolate blanco con cookie crumble

Y también pedimos el tiramisú de té verde porque a mí me llamó muchísimo la atención. Ambos postres estaban buenísimos y encajaban mucho con la filosofía de la cocina japonesa, es decir, que no eran postres pesados. Eran ligeros, cremosos y suaves. Un buen sello final para un delicioso almuerzo en el barrio de Gracia.

tiramisú de té verde

Ojalá pudiera comer aquí una vez a la semana pero por mi presupuesto me limitaré a visitarlo en ocasiones especiales. La cuenta nos salió por casi 90€. Si quitamos el vino y los postres se quedaría en 60,2€. Sinceramente merece la pena hacer el esfuerzo de vez en cuando. Tanto el repostero caprichoso como yo lo recomendamos sin dudarlo.

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