La Espumosa

Después de más de ocho años sin pisar mi tierra en Semana Santa…este año por fin he vuelto a Sevilla a disfrutar de estas tradiciones tan nuestras. Se me habían olvidado los sentimientos tan fuertes que se viven en esta época en Sevilla y cuán contagiosos son. Yo que no soy religiosa me he llegado a emocionar muchas veces al ver pasar según que cofradía…Y es que el casco antiguo de Sevilla se presta a lo monumental, al dramatismo, a lo barroco, a lo solemne y no hay nada más barroco y solemne que la Semana Santa sevillana.

Si alguna vez vais, armaros de paciencia para caminar por sus calles ya que el centro se convierte en un hervidero de personas deseosas de encontrar la mejor ubicación para ver su cofradía. Familias enteras dedican mañanas y tardes a ver pasar las más de 10 cofradías que salen cada día, como si de una gymkana se tratase. Los sevillanos se visten con sus mejores galas y entre hermandad y hermandad visitan los bares para refrescarse con un vinito o cervecita y, por supuesto, alguna que otra tapa. Las calles y los bares están a rebosar y si ese año coincide que los naranjos están en flor la energía del ambiente, combinada con la deliciosa fragancia del azahar y el incienso hacen que camines como en una nube…

Así que para los que no les molesten las muchedumbres, la Semana Santa de Sevilla es una experiencia que merece la pena vivir aunque sólo sea una vez en la vida. Esto sí que es una “experiencia religiosa” y no lo de Enrique Iglesias…Si os animáis, no os perdáis la cofradía del Silencio. Pocas veces veréis las calles de Sevilla en absoluto silencio, tan sólo roto por alguna que otra saeta espontánea.

Pues bien en este marco aterricé yo en Sevilla el mes pasado y en seguida fuimos a hacer lo propio (ver pasos y tapear). Mis padres me llevaron al Bar “La Espumosa”, un bar-restaurante muy popular de la zona de la Buhaira que en Semana Santa está un poco apartado del centro y por tanto alejado del bullicio. Por supuesto tienen terraza pero la verdad es que en el interior también se estaba muy bien. Tienen una decoración minimalista y elegante con unas luminarias de diseño que me gustaron mucho.

la espumosa interior  luminarias la espumosa

Para empezar tomamos unas papas aliñás con melva. La melva era de la mejor calidad y las papas estaban jugosas y tiernas pero el aliño estaba un pelín ácido para mi gusto. A mí me gustan un poco más suaves, como las de la bodeguita Casablanca.  También probamos un salpicón de langostinos que estaba perfecto. Era justo lo que cabe esperar de un salpicón: frescura, variedad de texturas y mucho sabor. Normalmente no es algo que suela pedir en bares porque es un plato relativamente sencillo que puede hacerse fácilmente en casa pero en esta ocasión se nos antojó y no me arrepentí de pedirlo.

salpicon de langostinos  papas aliñas con melva

Seguimos nuestra cena con más pescado y marisco. Yo soy una incondicional de las coquinas así que cuando preguntamos y nos dijeron que habían no me lo pensé dos veces. Estaban en su punto, frescas, sin arena y el caldito con el que venían estaba delicioso, sabroso…Vamos, para mojar pan.

coquinas  adobito

Tomamos también adobito. Para los “no andaluces” tan sólo diré que el “adobo” suele ser un pescado blanco (idealmente cazón) que ha sido marinado previamente y que después se enharina y fríe. En algunas freidurías lo sirven con pimientos y cebolla frita. A mí desde luego es como más me gusta, con su pimientito y cebollita frita. Por último pedimos berenjenas con salmorejo. Las sirvieron como si fueran patatas fritas, es decir en formato “bastón” y con el salmorejo aparte a modo de salsa. Me pareció un buen maridaje de sabores. Se complementan a la perfección y además en este bar dieron en el clavo con el acabado de la berenjena. La textura era perfecta, blandita por dentro, crujiente por fuera y sin demasiada masa. Vamos que las han frito con la harina justa. El salmorejo estaba suave y, por tanto, el ajo no dio “efectos secundarios”.

bastoncitos de berenjena con salmorejo

No teníamos hueco para postre pero al pedir la cuenta nos obsequiaron con un platito lleno de mini magnums…¡Con lo que me gusta el chocolate y el helado! Fue el broche final de una estupenda velada. Estuvimos tranquilos, bien atendidos y comimos de lujo. Sana, sana no fue la cena por tanto frito pero es que la gastronomía tradicional de los bares sevillanos es lo que tiene. Y para darse un capricho de vez en cuando no está nada mal ya que se notaba que los ingredientes eran frescos y de calidad.

regalito dulce

La cena para 3 personas nos salió por menos de 60€ y tomamos 2 cervezas, 3 manzanillas (vino, nada de infusiones) y una botella de agua. Teniendo en cuenta la calidad de la comida, la presentación y el servicio me pareció un precio razonable. Si estáis un día por Sevilla, por el barrio de la Buhaira, os animo a que os paséis a tomaros alguna tapa.

 

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