Andalucía gastronómica, el Faro del Puerto

Este restaurante es un clásico, una apuesta segura dentro de la amplia oferta gastronómica de la provincia de Cádiz.

Para la familia del repostero caprichoso es, desde luego, un lugar muy cercano a sus corazones ya que los banquetes allí se han convertido en una tradición familiar desde que él y su hermano eran pequeños.

El chef y dueño es Fernando Córdoba. Este licenciado en empresariales estuvo haciendo contabilidad durante unos años al graduarse pero en seguida decidió dar un giro a su vida y dedicar su carrera profesional a su verdadera vocación, la cocina.

Hablamos con él durante el almuerzo y en seguida fue evidente que estábamos frente a un empresario humano, cercano y con corazón. Su filosofía de negocio es hacer cocina con honestidad. En sus 25 años de experiencia los valores de siempre no han cambiado. Utilizando los mejores ingredientes y su pasión, Fernando ha ido aplicando las técnicas más modernas para conseguir un perfecto equilibro entre lo tradicional y lo innovador.

El Faro del Puerto  el faro interior

el faro sala  cubierto el faro

Gracias a su empuje y a su filosofía empresarial, Fernando Córdoba ha cosechado grandes éxitos que le han llevado a abrir más negocios familiares. En Cádiz tienen el restaurante el Faro de Cádiz y el nuevo concepto de tapas innovadoras Barra SieteAdemás de su servicio de catering.

Nosotros en esta ocasión fuimos en el período navideño a celebrar que estábamos todos juntos y a despedir a mi cuñado José Ignacio y a su novia Alicia, que emigraban a Austria. Fue un festín por todo lo alto.

Nos recibieron con un delicioso puré de verduras y con un servicio de pan donde podías elegir entre una gran variedad de panecillos caseros.

crema de verduras  ceviche de corvina

tartar de tomate  atun de almadraba

Ya nos fue bien tener ese aperitivo ya que ante tan apetecible carta, nos fue difícil elegir. Al final cada uno pedimos un entrante y un principal. No sé cómo pudimos comer tanto porque en el Faro del Puerto las raciones son generosas. Pero como somos de buen comer, acabamos con todo.

Empezamos con el ceviche de corvina. Un entrante fresco y de presentación cuidada. Los jalapeños se servían aparte para que los comensales que no soportan el picante no sufran.  También acompañaban al ceviche unos aros finísimos de cebolla roja cruda. Al mezclarlo todo notabas en la boca una deliciosa mezcla de texturas suaves y crujientes y una explosión de cítricos en los que la corvina había estado marinada.

También pedimos el tartar de tomate pera, que fue el plato que más le gustó a mi suegra. A la vista parece un tartar de atún. Pero no, es un plato original y sencillo en el que el tomate está aliñado con un una salsita que no supe determinar. Me encantaron las obleas crujientes con las que sirvieron este plato aunque admito que yo me comí un panecillo de chorizo casi entero con este plato. Me gustaba la combinación de sabores.

También probamos el atún de almadraba en taquitos. El punto del atún era como el de un tataki, quizás ligeramente más hecho, pero estaba sabroso y jugoso. Las verduras que acompañaban al atún estaban cortadas a tiras, al más puro estilo asiático y estaban al dente y con una salsa de miso que me conquistó.

salteado de puntillitas con alcachofas y esparragos  alcachofas rellenas de marisco y huevos codorniz

huevo con trufa  pasta fresca con zamburiñas, chipirones y algas
Ya sabéis que yo adoro las alcachofas así que, mis suegros tuvieron el detalle de pedir el salteado de alcachofas y puntillitas para que lo pudiera probar. También había espárragos en el plato y la verdad es que es un plato de los más sencillo y ligero que a mí me pierde. Se utilizó la cantidad justa de aceite y las verduras estaban en su punto justo de cocción. Lo que más me gustó de este plato fue su fragrante aroma, conseguido gracias al vino oloroso local que utilizaron para acabar de redondear el plato.

El último entrante fue la “Trufa negra“. Hacen bien en llamarlo trufa porque el plato venía bien cargado de este preciado manjar. Este fue el entrante que pidió el repostero caprichoso, ya que a él le apasionan los huevos. Pues este huevo era fresquísimo y enorme. Yo creo que estaba escalfado así que, más sano, imposible. Se presentaba sobre una cama de cuscús que tenía un toque dulce, como de dátil.

Por fin pasamos a los platos fuertes. Mi suegra, que ya conoce bien el restaurante, fue comedida y se pidió un entrante como plato fuerte. Ella optó por las alcachofas rellenas de marisco y coronadas con huevos de codorniz. Este es un plato muy especial que hace las delicias de los amantes del marisco y la verdura. Mi cuñada y yo optamos por la pasta. No suelo pedir pasta en ningún restaurante, a no ser que sea un restaurante mítico italiano. Pero se nos antojó y la verdad es que acertamos. Hacía tiempo que no comía una pasta tan deliciosa. Eso sí, no pudimos acabarnos el plato. Era enorme. La pasta (troffie) estaba fresca y la salsa era sencilla y complementaba a la perfección los chipirones salteados, las zamburiñas y las algas.

solomillo con foie  lomo de atun

Mi cuñado y mi suegro se pidieron el atún de almadraba (Tarantelo) a la plancha sobre torta de patatas y jugo de cítricos. Yo no lo probe pero, teniendo en cuenta que estas son las dos personas más gourmet que conozco, intuyo que este plato estaba spectacular.

El repostero se pidió el solomillo de ternera a la plancha con foie, servido con chalotas y endivias. Así rememoró su infancia. La carne era de primera calidad y estaba cocinada a la perfección. El repostero caprichoso no podía estar más feliz…Hasta que llegó el postre.

Él se pidió el bizcocho templado de chocolate, relleno de helado de vainilla sobre salsa de caramelo. La presentación era muy original ya que parecía que se tratara de una hamburguesa. Y el sabor, ¡Dios mío! es un postre que nos volvió locos a todos. Para la familia del repostero es un postre clásico pero yo era la primera vez que lo probaba y aún sueño con él…Perfecto para niños o adultos con “paladares clásicos”.

Mi cuñada y yo nos pedimos la esponja helada de chocolate, sobre crema de café, bizcocho de yemas y perlas de chocolate.  Era enorme y la textura no podía ser más original. Fernando nos explicó la técnica utilizada para crear esta esponja helada pero por secreto de sumario no la revelaré.

esponja chocolate valhona  bizcocho de chocolate

profiteroles  helado azafran

Por último probamos los profiteroles y el helado de azafrán. Los profiteroles estaban deliciosos y el toque original provenía de la mezcla de chocolates con la salsa de mandarina con la que los sirvieron.

Para todos el postre más original, sin duda, fue el helado de azafrán que estaba bien cargado de esta carísima flor. La combinación de ese sabor con el resto de sabores que le acompañaban (piña impregnada de ron, bizcocho sacher, almendras…) lo convertían en un postre exótico digno del disparatado Willy Wonka.

el puerto santa maria

Como veis ese día mis suegros nos invitaron a un gran festín y es que, este sitio es espectacular pero, como es de esperar, no es barato. Y es que la calidad se paga. En este restaurante se paga a una media de 50€ por persona, sobre todo si tomas vino, postres, cafés, etc. Yo creo que para darse un homenaje por una occasion especial merece mucho la pena y os lo recomiendo encarecidamente.

¿Y qué mejor sobremesa que un agradable paseo por el Puerto de Santa María? Un día muy especial para el recuerdo.

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