Cata de vinos de Jaén

Después de más de dos años con el blog, ya iba siendo hora de dedicarle un post, más que merecido, al trabajo de mi tío, Marcelino Serrano, y al de mi prima, Blanca Serrano, por la excelente labor que están llevando a cabo en sus bodegas, las Bodegas Marcelino Serrano.

poesia_marcelino finca_el_cascante

comida_bodegas_marcelino_serrano  copas_privilegio

Porque el vino de Jaén existe. Y no sólo existe, está delicioso y se está dando a conocer a nivel nacional e internacional. Los vinos de las bodegas Marcelino Serrano se distribuyen principalmente a nivel nacional ya que, al tratarse de una bodega pequeña y familiar, la producción no es masiva. Esa es una de sus principales ventajas frente a las grandes marcas vinícolas. Al tener una producción reducida, los caldos que crean Marcelino y Blanca son exclusivos, son especiales y se caracterizan por su gran personalidad. Teniendo en cuenta la gran energía, empuje y personalidad de mi tío, sinceramente, no podía ser de otra forma.

En octubre fui al pueblo de mi familia materna, Alcalá la Real, un pueblo conocido principalmente por la fortaleza de la Mota, un recinto defensivo que data de la época nazarí (s. XIII, XIV) y por ser la ciudad natal de José María Ventura, el creador de la sardana, entre otros artistas.

alcala_la_real  Iglesia_Mota

hortalizas  sofrito_caldo_arroz

Además Alcalá cuenta con el encanto de su Palacio Abacial, de estilo barroco/neoclásico, la devoción a su Virgen de las Mercedes, que preside la Iglesia de la Consolación y los deliciosos sabores de los bares de la Plaza del Ayuntamiento, o del Paseo de los Álamos donde se puede descansar tomando alguna de las tapas típicas de la tierra, como el lomo de orza, las alcachofas fritas o las chacinas caseras.

Pues precisamente a unos 2-3km de Alcalá se sitúan los viñedos de Marcelino Serrano. Desde hace más de 25 años Marcelino lleva persiguiendo y trabajando en su sueño, el de crear vinos de gran calidad en el paraje del Cascante, la zona donde él construyó su casa con sus propias manos y dónde crecieron sus tres hijos.

viñas_marcelino_serrano  Torre_del_Cascante

Precisamente ahí montó la bodega y ahí cuenta con una héctarea de viñedos donde tiene plantadas distintas variedades (Shiraz, Merlot, Graciano, Tintilla de Rota…). Algunas de estas cepas tienen ya más de 30 años. Esta es su héctarea de experimentación donde van observando y probando qué uvas tienen mejor acogida en estas tierras. Aquí comenzamos nuestra visita a las Bodegas. Una visita guiada por Blanca Serrano, la enóloga, que desde los 8 años lleva pisando uvas y escuchando a su padre hablar de vinos. Ahora es ella la que se encarga del proceso de creación, de la garantía de calidad, así como de la labor de marketing y ventas de esta pequeña empresa familiar.

bodegas_marcelino  bodegas_marcelino_serrano

Cuando hicimos la visita hacía justo 2 semanas que habían terminado la campaña. Recogieron la uva en su momento óptimo de maduración y a primera hora de la mañana. A continuación le quitaron el raspón con la despalilladora y parte fue a la prensa directamente y otra parte a las barricas de roble americano o francés (de Burdeos). Los vinos crianza han de estar mínimo 12 meses en barrica y 12 meses en botella.

despalilladora  pieles_uva

pieles_pepitas_uva  visita_bodegas_marcelino

El tinto fermentará con las semillas y la piel. Después de la fermentación se descuba y pasa a la prensa (al abrigo del aire para q no se oxide). El blanco después del despalillado se prensa y se fermenta pero sólo el mosto, es decir, sin las pieles ni las semillas.

tanque crianza

barricas_marcelino_serrano poniendo tapon

Después de la fermentación se tapa el depósito y al pasar unos 20-30 días se deslía (es decir que se quitan los posos). Blanca nos explicó en detalle todo el proceso de elaboración del vino, desde el cuidado de las viñas hasta el embotellado. Todo se hace con mimo y con sumo cuidado para que el resultado final sea el óptimo.

zona_embotellado  poniendo tapon

etiquetando botellas  botellas almacenadas

Y por fin pasamos a la cata. El entorno, desde luego, es imponente. Con vistas a la Sierra Sur de Jaén, al Valle de la Fuente del Rey y a la atalaya cristiana denominada, Torre del Cascante. Con esta estampa degustamos un blanco, un rosado y dos tintos. Blanca dirigió la cata de forma profesional y entretenida al interactuar mucho con nosotros. En este caso era una cata íntima con dos parejas, el repostero caprichoso y yo, y una parejita joven de la provincia de Jaén. También se apuntó uno de mis primos. Así que éramos 5 y la enóloga.

preparando_cata  cata_vinos_marcelino_serrano

Lo más importante para una cata es estar muy presentes y prestar atención a todos nuestros sentidos. El primer sentido a agudizar es el oído. Es importante que se escuche la fluidez del vino a la hora de ser servido. El vino blanco que degustamos fue el Blanca María, que se sirve a 7 grados.

A continuación centramos nuestra atención al sentido de la vista. Las catas deben hacerse con luz natural o a la luz de una vela. Observamos la limpieza y pureza del vino inclinando el catavinos ligeramente hacia delante.

Blanca nos hizo ver que el vino tenía cierto brillo. Esto es indicación de que el vino, en apariencia, parece joven. Además tiene reflejos dorados. Estos suelen venir dados por las variedades Chardonnay y Garnacha Blanca. También vinos reflejos verdes, como en el Verdejo. Al inclinar el catavinos y volver a enderezarlo vemos la lágrima que dejan el alcohol, el glicerol y los azúcares presentes en el vino. Esta lágrima es indicadora de la viscosidad, de la fluidez del vino.

colores_vino_tinto

En seguida pasamos al sentido más importante para mi gusto. Al menos a la hora de obtener una primera impresión. En efecto, se trata del olfato. Al oler los cuatro vinos, el blanco nos evocó notas de pera, de manzana y también algo vegetal, como a hierba.

El rosado a la vista tenía colores anaranjados y al olfato a mí me recordaba al olor del sushi. A la parejita jiennense les olía a endrina y a Blanca a caramelos ácidos.

El primer tinto que catamos desprendía notas a yogur de frutos rojos. A mí personalmente me recordaba a la mermelada de pimientos rojos. El segundo vino tinto tinto olía bastante raro, casi casi como a agua estanca. A mí me olía a huevo duro y a mis acompañantes a madera vieja mojada, o a whisky con coca cola. También recordaba un poco al pan de higo. En cualquier caso era un olor añejo, tostado.

 

degustacion_post_cata

Y por último pasamos al gusto. Lo primero que notamos es la sensación táctil, la temperatura, el posible burbujeo del carbónico…También se puede percibir si el vino es astringente en la lengua. Hay vinos que al catarlos notas una sensación de que prácticamente te “rascan” la lengua.

Blanca nos recomendó que tomáramos un pequeño sorbo y que lo repartiéramos por la boca para que se calentara y desprendiera los aromas. Justo antes de tragar debíamos aspirar un poco de aire por la boca y soltar el aire por la nariz para recibir todos los aromas.
El vino blanco Blanca María, tenía un aroma fruta verde y el sabor es ácido, seco, con bastante alcohol. Es un vino fresco pero con intensidad. blanco El vino rosado Blanca María, que está hecho en gran parte de la variedad garnacha, es un vino suave, no muy ácido. A mí me pareció ideal para el aperitivo o para tomar con un buen sushi. A mis compañeros de cata les recordó a los caramelos Drácula o a los chupa chups de Koyak. No es un vino con mucha carga alcohólica.

El primer vino tinto, el Marcelino Serrano etiqueta roja, es una combinación de Pinot Noir y Merlot. Es un tinto fresco con un punto de acidez y con poco alcohol. Es un poco astringente y tiene notas de frambuesa. El segundo vino tinto nos recordó un poco al metal. Nos evocó un puerto marinero con sus notas de humedad, sal y cobre oxidado. El sabor es sorprendentemente agradable teniendo en cuenta que el olor inicial era a huevo duro. Para Blanca la clave es conseguir un equilibrio entre el nivel de alcohol, la acidez, el cuerpo, los azúcares…

degustacion_despues_cata

Ella nos abrió las puertas a sus bodegas y nos explicó todo el proceso, así como sus planes y objetivos con una pasión contagiosa. Fue una visita y una cata que duraron varias horas. Blanca no tenía prisa. Siguiendo las premisas del Slow Food nos dio a conocer estos vinos de las tierras de Jaén y atendió a todas nuestras preguntas. Al acabar la cata tuvimos la suerte de degustar productos deliciosos de la zona: un aceite de oliva virgen extra que, con la mano en el corazón, digo que ha sido el mejor que he probado en mi vida; un queso espectacular, un salchichón de jabalí y patatas fritas Dealva, las que no pueden faltar en ninguna de mis visitas al pueblo. Todo productos de Jaén y, de hecho, de los pueblos colindantes.

Al finalizar la cata estábamos relajados, satisfechos y felices. Fue una experiencia totalmente recomendable. Y que conste que esta no es sólo mi opinión. Quizás penséis que soy parcial porque se trata de mi familia. Tan sólo tenéis que ver Tripadvisor. Las visitas a las Bodegas están muy bien valoradas. Sobre todo entre los que aprecian el valor de las pequeñas cosas, así como la pasión y el cariño con el que un agricultor y pequeño empresario te abre las puertas de su casa para compartir su sueño contigo.

familia_feliz  los_tajos

Así que si pasáis por Jaén, intentad hacer un alto en el camino para conocer a mi tío y a sus bodegas. Mercerá la pena.

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